
Qué ver en Picos de Europa: guía de lugares imprescindibles para tu visita
Picos de Europa es uno de esos destinos que enamoran a primera vista. Este Parque Nacional del norte de España abarca montañas imponentes, majestuosos valles y pueblos llenos de encanto en las tres Comunidades Autónomas que lo constituyen: Asturias, Cantabria y León.
¡Hay tanto por ver que uno no sabe ni por dónde empezar! No te preocupes, aquí te presentamos de forma cercana e informal una selección de sitios y experiencias imprescindibles que ver en Picos de Europa. Prepárate para descubrir lagos de ensueño, senderos entre desfiladeros, miradores de infarto y, por supuesto, la deliciosa gastronomía local como el famoso queso Cabrales. ¡Vamos allá!
¿Dónde están los Picos de Europa?
Los Picos de Europa se sitúan en la Cordillera Cantábrica, repartiéndose entre tres comunidades autónomas españolas: el Principado de Asturias, Cantabria y Castilla y León. A diferencia de lo que muchos piensan, no son una cordillera aislada, sino que forman parte de la Cordillera Cantábrica, constituyendo su sección más escarpada. El parque nacional ocupa unas 67.000 hectáreas de terreno montañoso. Para que te hagas una idea, es una superficie enorme que incluye picos de más de 2500 metros, bosques, gargantas y pueblos en los valles.
Este Parque Nacional – el primero de España junto con Ordesa – es hoy uno de los más visitados del país, solo superado por el Teide en Canarias. Su ubicación privilegiada, a pocos kilómetros del mar Cantábrico, hace que en un mismo viaje puedas disfrutar de montaña y costa.
En resumen: los Picos de Europa están en el norte de la Península Ibérica, abarcando parte de Asturias (al oeste), Cantabria (al este) y el norte de León (al sur), formando un triángulo de naturaleza espectacular.

¿Cómo llegar a Picos de Europa?
Al haber tres macizos montañosos principales, hay varias puertas de entrada según la zona que quieras explorar. Las localidades base más populares para acceder al parque son:
• Cangas de Onís (Asturias): puerta de entrada occidental, ideal para visitar Covadonga y sus lagos, y adentrarse en el macizo occidental. Desde aquí parte la carretera a los Lagos de Covadonga y rutas hacia el interior de Asturias. También cerca está Arenas de Cabrales, camino del macizo central.
• Potes (Cantabria): en el valle de Liébana, es la base para explorar el macizo oriental. Desde Potes se accede a Fuente Dé (teleférico) y al Desfiladero de la Hermida, entre otros lugares cantábricos.
• Posada de Valdeón y Oseja de Sajambre (León): en la vertiente leonesa al sur, son pueblos que sirven de entrada al parque por los valles de Valdeón y Sajambre respectivamente, menos transitados pero igualmente hermosos.
La forma más común de llegar es en coche, ya que te dará libertad para moverte entre estos puntos. Desde Asturias, la N-625 te lleva de Cangas de Onís hacia León atravesando los Picos, y la AS-114 conecta Cangas con Cantabria vía el Desfiladero de Los Beyos. Desde Cantabria, la CA-185 sube de Potes a Fuente Dé, y la N-621 atraviesa el Desfiladero de la Hermida hacia Asturias. ¿Transporte público? Hay autobuses turísticos en verano (por ejemplo, a Lagos de Covadonga), pero en general lo mejor es conducir para recorrer la zona a tu aire.
Consejo: Las carreteras de montaña aquí son estrechas y con curvas. En temporada alta algunas vías tienen restricciones (como la de los Lagos de Covadonga, cerrada al tráfico privado en verano) y se gestionan con buses lanzadera. Infórmate con antelación y madruga para evitar atascos y encontrar parking.
Lugares imprescindibles que ver en Picos de Europa
A continuación, te presento una lista de lugares que no pueden faltar en tu visita a Picos de Europa. Están organizados por su relevancia y encanto, indicando entre paréntesis la provincia o comunidad para que te ubiques. ¡Prepárate para tomar nota!
1. Lagos de Covadonga (Asturias)
Si tuviéramos que elegir la postal más famosa de Picos de Europa, probablemente serían los Lagos de Covadonga. Son dos lagunas de origen glaciar, el Enol y la Ercina, situadas a unos 1.100 metros de altitud en el macizo occidental. Rodeados de verdes praderías donde pastan vacas y con las cumbres reflejándose en sus aguas, estos lagos ofrecen un paisaje de cuento que deja sin aliento.
Para llegar a los Lagos de Covadonga debes subir desde Cangas de Onís por una carretera de montaña bastante sinuosa. En temporada alta (verano), el acceso en vehículo particular está restringido en las horas centrales y tendrás que subir en autobús lanzadera. Una vez arriba, encontrarás senderos fáciles para rodear los lagos y miradores espectaculares como el Mirador del Príncipe de Asturias, desde el que se ve la vega de Comeya. Muy cerca también están las antiguas Minas de Buferrera, con paneles informativos sobre la explotación minera que hubo aquí.
Los Lagos de Covadonga son visita obligada para cualquier viajero. En días despejados, las vistas de las montañas reflejadas en el Enol y la Ercina te enamorarán. Y si vas en invierno con nieve, el entorno se vuelve mágico (¡pero abrígate bien!).

2. Santuario de Covadonga (Asturias)
Justo antes de subir a los lagos, en la base del monte Auseva, se encuentra Covadonga, un lugar sagrado e histórico para Asturias. Aquí podrás visitar dos hitos: la Basílica de Santa María la Real de Covadonga y la Santa Cueva. La basílica, de piedra rosada, se alza imponente rodeada de montañas; fue construida a finales del siglo XIX en estilo neorrománico y es simplemente preciosa.
En la Santa Cueva, una gruta natural situada sobre una cascada, se venera a la Virgen de Covadonga (la Santina) y está la tumba del rey Don Pelayo. La leyenda cuenta que en Covadonga comenzó la Reconquista allá por el año 722, cuando Pelayo derrotó a las tropas musulmanas. Mito o realidad, lo cierto es que este lugar transmite una energía especial. Ver la pequeña capilla incrustada en la cueva con la cascada debajo es una experiencia única.
Covadonga, además de su importancia religiosa, está cargada de simbolismo para los asturianos. No en vano, Cangas de Onís (muy cerca de Covadonga) fue la primera capital del antiguo Reino de Asturias. Así que tómate tu tiempo para empaparte de historia, prenderle una vela a la Santina si lo deseas, y disfrutar del entorno natural que lo rodea.
3. Cangas de Onís (Asturias)
Cangas de Onís es la puerta de entrada a Picos de Europa por Asturias y un lugar perfecto para hacer base. Este pueblo, que ostenta el famoso Puente Romano (en realidad medieval) con la Cruz de la Victoria colgando, tiene mucho encanto. Pasear por Cangas es muy agradable, con sus calles animadas, tiendas de productos locales y sidrerías donde degustar la gastronomía asturiana.
Aunque es pequeño, Cangas fue importante históricamente (como mencionamos, considerada la primera capital del Reino de Asturias en tiempos de Don Pelayo). Hoy en día es popular entre los turistas por su ambiente y ubicación estratégica. Desde aquí estás a un paso de Covadonga y puedes organizar actividades de aventura. De hecho, a orillas de Cangas de Onís pasa el río Sella, famoso por el descenso en canoa. Este es el lugar donde muchos comienzan esa divertida travesía río abajo.
No dejes de cruzar el puente romano para la foto de rigor (¡cuidado al bajar al río para el ángulo, resbala!), ni de probar en alguna sidrería una buena fabada o un cachopo. Cangas de Onís combina historia, naturaleza cercana y buen comer. Un planazo es hacer el Descenso del Sella por la mañana y volver a Cangas a reponer fuerzas con una comida típica asturiana. Turismo activo y gastronomía, ¿qué más se puede pedir?
4. Ruta del Cares (Asturias/León)
Si te gusta la naturaleza y caminar, la Ruta del Cares es obligatoria. Probablemente sea la ruta de senderismo más famosa de Picos de Europa y diría que de toda España norte. ¿Por qué tanta fama? Pues porque recorre la garganta del río Cares, un desfiladero impresionante que separa los macizos Central y Occidental. El camino, tallado en la roca a media ladera, conecta Puente Poncebos (Asturias) con Caín (León) a lo largo de unos 11 km solo ida.
Lo especial es que es una senda relativamente llana (era el antiguo canal de mantenimiento de una central hidroeléctrica), así que cualquiera con condición física normal puede hacerla. Eso sí, son 22 km si vas y vuelves por el mismo camino, ¡prepárate para una buena caminata! Mucha gente la recorre en un sentido y se apaña con taxis 4×4 de regreso para no hacerla dos veces. En todo caso, te esperan unas vistas alucinantes: paredes de roca de 1.000 m de altura cayendo al angosto cauce del Cares, cascadas que brotan de la piedra, cabras montesas encaramadas… Es una pasada.
Ten precaución porque no hay barandillas en largos tramos y el sendero es estrecho – si sufres vértigo quizás lo pases mal en algún punto. Lleva calzado adecuado, agua y algo de abrigo (en la sombra del desfiladero puede hacer fresco incluso en verano). La ruta del Cares suele estar transitada en temporada alta, pero aun con gente, el paisaje sobrecoge igual. Es imprescindible: pocas caminatas te harán sentir tan dentro de la montaña como esta. Y al terminar en Caín, nada mejor que un refresco y un buen trozo de queso local para recuperar energías.

5. Bulnes y su funicular
En pleno corazón de los Picos, en el concejo de Cabrales, se esconde Bulnes, uno de los pueblos más recónditos y pintorescos de Asturias. Este diminuto pueblo de piedra, rodeado de enormes paredes de roca, tiene la particularidad de que no tiene carretera de acceso. Hasta hace pocos años solo se podía llegar caminando por la empinada Canal del Texu, en una dura subida de casi 2 horas desde Poncebos. Desde 2001 existe un funicular que atraviesa la montaña por dentro y conecta Poncebos con Bulnes en solo 8 minutos.
La experiencia de llegar a Bulnes es única. Si te animas a subir a pie por la senda (unos 4 km en continuo ascenso), vivirás una aventura increíble siguiendo el arroyo entre paredes verticales. Y si prefieres el funicular de Bulnes, ahorrarás esfuerzo y también impresiona (¡menuda obra de ingeniería bajo tierra!). Arriba te espera un pueblecito de cuento: pocas casas de piedra con tejados rojos, un puentecito de madera sobre el arroyo, vacas y cabras pastando alrededor… y ni un coche a la vista. Parece detenido en el tiempo.
En Bulnes tienes un par de bares donde tomar algo (sí, ¡incluso aquí hay donde tomarse una sidra!). Puedes pasear hasta el barrio alto del pueblo (Bulnes de Arriba) para tener mejores vistas. Este lugar es también punto de partida para los montañeros que ascienden hacia el Naranjo de Bulnes. En definitiva, Bulnes es especial por su aislamiento y autenticidad. Consejo: si subes en funicular, intenta hacer la ida a pie o viceversa, así disfrutas las dos experiencias. Y recuerda consultar horarios, que el funicular no funciona muy tarde.

6. Picu Urriellu (o Naranjo de Bulnes)
El Picu Urriellu, conocido popularmente como Naranjo de Bulnes, es la montaña emblemática de Picos de Europa. Este monolito de roca caliza de 2.519 metros destaca por sus paredes casi verticales que desafían a los escaladores. Para los amantes de la montaña, ver el Naranjo de Bulnes de cerca es casi una peregrinación.
Si no eres escalador (la gran mayoría de visitantes no lo somos), igualmente puedes admirar esta mole impresionante desde varios puntos. Un mirador muy accesible es el Mirador del Pozo de la Oración, cerca del pueblo de Cabrales (Arenas de Cabrales). Desde allí, en días despejados, se tiene una vista panorámica estupenda del Naranjo asomando entre los valles. Otra opción es, como decíamos, subir a Bulnes: desde el barrio alto de Bulnes se puede apreciar la cara sur del Picu Urriellu en la distancia. Y si te va el senderismo fuerte, la ruta desde Sotres a la Vega de Urriellu te lleva hasta el refugio al pie del pico (es una caminata larga y exigente, solo para senderistas experimentados).
El Naranjo de Bulnes forma parte del imaginario de los Picos de Europa; su silueta puntiaguda es inconfundible. Al atardecer toma tonos anaranjados (dicen que de ahí su apodo) y se ve espectacular. Aunque no lo escales, es un imprescindible fotográfico. A muchos visitantes nos basta con verlo desde un mirador con prismáticos mientras imaginamos las hazañas de los escaladores en su pared oeste, considerada de las más difíciles de España. ¡Te dejará maravillado!

7. Teleférico de Fuente Dé (Cantabria)
En el extremo cántabro del macizo central se encuentra Fuente Dé, un circo glaciar rodeado de paredes rocosas imponentes. Allí, a 1.070 metros de altitud, arranca el famoso Teleférico de Fuente Dé que en apenas 4 minutos te deja arriba, en la estación de El Cable, a 1.823 metros. Es decir, salva un desnivel de unos 750 metros en un santiamén. ¡Menudo subidón!
El viaje en sí mismo ya vale la pena, sobre todo si tienes la suerte de un día despejado: las vistas del valle de Liébana mientras asciendes por el aire son espectaculares. Arriba, en El Cable, hay un mirador desde el cual te asomas literalmente al vacío con todo el valle a tus pies – una panorámica que quita el hipo. Estás en pleno corazón de los Picos de Europa, rodeado de cumbres.
Desde la estación superior parten varias rutas de senderismo de alta montaña. Si te apetece caminar un poco, una muy recomendable y sencilla es la que va hasta los Puertos de Áliva, un precioso valle de pastos de altura. Otra opción para los más aventureros es dirigirse hacia Horcados Rojos o el refugio Cabaña Verónica, rutas algo más largas. Pero si no eres senderista, no pasa nada: simplemente disfrutar del paisaje desde arriba y tomarte algo en la cafetería con vistas ya es una experiencia genial. Ten en cuenta que en verano suele haber bastante cola para subir al teleférico, así que llega temprano o compra billete online si es posible. Fuente Dé combina accesibilidad y alta montaña como ningún otro sitio en Picos.

8. Sotres (Asturias)
Sotres es el pueblo habitado más alto de los Picos de Europa, situado a unos 1.050 metros de altitud en plenos Picos de Europa. Pertenece al concejo de Cabrales y es otro de esos rincones que enamoran. La carretera para llegar (desde Arenas de Cabrales o desde Tresviso, si vienes de Cantabria por pista) es estrecha y serpenteante, pero las vistas compensan. Al llegar a Sotres encuentras una aldea rodeada de pastos alpinos y montañas imponentes.
A pesar de su pequeño tamaño (poco más de 150 habitantes), Sotres es muy conocido entre los senderistas porque desde aquí parten rutas como la que va a Pico Tesorero, a Ándara o hacia Bulnes por la Canal de las Moñas. Si te gusta el senderismo, este lugar es un paraíso de posibilidades. Pero también es perfecto simplemente para pasear entre sus cabañas de piedra y disfrutar de la tranquilidad montañesa.
En Sotres podrás degustar productos artesanos asturianos, desde buenas carnes hasta quesos. De hecho, muchos dicen que aquí sirven el mejor queso Cabrales del mundo, directo de las queserías locales. No dejes de probar un plato de cabrito guisado o unos tortos de maíz con queso Cabrales en alguno de sus restaurantes – ¡manjar total! Además, Sotres tiene unas vistas privilegiadas: mires donde mires ves picos alrededor, incluyendo hacia el sur el macizo central con el Pico Urriellu asomando. Es un lugar ideal para sentir la esencia rural y montaraz de Picos de Europa, con la ventaja de que puedes llegar en coche hasta el mismo pueblo.
9. Potes (Cantabria)
En la vertiente cántabra, Potes es una parada obligatoria. Se trata de un bonito pueblo medieval considerado de los más atractivos de Cantabria. Sus callejuelas empedradas, puentes sobre el río Quiviesa y casonas de piedra con balcones de madera le dan un encanto especial. Potes es además la capital del valle de Liébana, famoso por sus vinos y orujos, así que ya puedes intuir que aquí también se come y bebe de maravilla.
Pasear sin rumbo por Potes es un placer: descubre la Torre del Infantado (su edificio más emblemático, del siglo XV), cruza el Puente de San Cayetano, curiosea en las tiendecitas de productos locales (miel, orujo, quesos) y siéntate en alguna taberna a tomar un vaso de vino de Liébana con un pincho. Los lunes hay mercado tradicional, muy animado.
Pero Potes no solo es bonito en sí mismo, sino que está rodeado de un paisaje espectacular. Confluyen aquí cuatro valles y se ven montañas en todas las direcciones. Desde el mismo pueblo ya divisas picos nevados hacia el sur. Además, Potes es la base para muchas excursiones: a 23 km está Fuente Dé (carretera CA-185 hacia el suroeste) y al norte, a unos 9 km, comienza el Desfiladero de la Hermida que lleva hacia Asturias. Un plan recomendable es subir por la tarde al cercano mirador de Piedrasluengas (dirección Palencia) para ver el atardecer sobre Potes y los Picos. En definitiva, Potes combina cultura, gastronomía y ubicación privilegiada. No en vano es la capital turística de los Picos de Europa en Cantabria.
10. Desfiladero de la Hermida (Cantabria)
El Desfiladero de la Hermida es la impresionante garganta que esculpe el río Deva en la parte oriental de Picos de Europa. Con sus más de 20 km de longitud, es el desfiladero más largo de España. La carretera N-621 que lo recorre une Asturias (Panes) con Cantabria (Potes) y es un trayecto lleno de curvas, pero también de vistas espectaculares. Las paredes de roca llegan a elevarse 600 metros sobre el río en algunos tramos, formando un paisaje sobrecogedor.
Recorrer en coche o moto la Hermida es ya de por sí una experiencia que ver en Picos: encajonado entre paredes, pasando junto a pueblos como La Hermida o Lebeña… Te recomendamos hacer paradas para disfrutarlo con calma. Por ejemplo, en el Mirador de Santa Catalina (conocido también como La Bolera de los Moros) tendrás una panorámica increíble del desfiladero. También, muy cerca de allí, está el pequeño balneario de La Hermida, con aguas termales. De hecho, bajo el puente de La Hermida hay unas pozas naturales de agua caliente donde puedes remojarte gratis – un secreto a voces entre los visitantes.
Otra parada cultural en la zona es la Iglesia de Santa María de Lebeña, que se encuentra a la entrada del desfiladero viniendo de Potes. Es una joya del arte prerrománico montañés (siglo X) que vale la pena visitar para admirar su arquitectura única. Y continuando hacia Asturias, al final del cañón, el río Deva te lleva a Panes donde enlaza con el Cares. En resumen, el Desfiladero de la Hermida ofrece una combinación de naturaleza abrupta y rincones interesantes para ver, ideal para quienes disfrutan conduciendo por paisajes de montaña. Eso sí, ¡ojo con las curvas y los mirones que se distraen con las vistas!

11. Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria)
Muy cerca de Potes (apenas a 3 km) se encuentra el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, un lugar de gran importancia histórica y religiosa. Este monasterio franciscano, fundado probablemente en el siglo VI, alberga el Lignum Crucis, que según la tradición es el mayor fragmento conservado de la cruz de Cristo. Por ello, Santo Toribio es uno de los cinco lugares santos de la cristiandad (junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz) y destino de peregrinación en Años Jubilares Lebaniegos.
Más allá de su reliquia, el entorno del monasterio es precioso, en una ladera con vistas al valle de Liébana. La iglesia actual es de estilo gótico del siglo XIII, sencilla pero emotiva. Puedes visitar el interior donde se guarda el Lignum Crucis (suele haber colas para verlo de cerca y besarlo, especialmente en Año Jubilar). Para los no tan religiosos, también resulta interesante por la historia de los manuscritos ilustrados que aquí realizó el monje Beato de Liébana en el siglo VIII.
Desde Santo Toribio salen algunos senderos cortos, como una subida al cercano Mirador de Liébana o la ermita de San Miguel, con panorámicas muy guapas de Picos de Europa a lo lejos. Recomendación: si vas en coche, aprovecha y recorre la estrecha carretera hasta Mogrovejo, un pueblín cántabro declarado Conjunto Histórico, con torre medieval y casonas tradicionales (fue escenario de películas). Está a unos 8 km del monasterio y te dará otra visión pintoresca de la zona de Liébana.
12. Valle de Sajambre (León)
Abandonamos un momento la vertiente cantábrica para adentrarnos en la parte leonesa de los Picos. El Valle de Sajambre se extiende al sur del macizo occidental, ya en la provincia de León, y es un auténtico tesoro escondido. A diferencia de los lugares más turísticos del parque, aquí encontrarás pueblos tranquilos, bosques frondosos y rutas poco concurridas. El pueblo principal es Oseja de Sajambre, un lugar acogedor con casas de piedra y hórreos, rodeado de montañas y bosques de hayas y robles milenarios.
En Sajambre tienes varias visitas interesantes: el Centro de Interpretación de Oseja para conocer la fauna y flora local, la Casa del Parque en Oseja (instalada en un antiguo molino) y senderos que parten del mismo pueblo, como la ruta a Vegabaño. De hecho, la Majada de Vegabaño es un lugar idílico: un prado alpino con un refugio forestal, rodeado de bosque, ideal para hacer un picnic con vistas a las montañas. Se llega caminando unas 2 horas desde Oseja, por un sendero que atraviesa un hayedo de cuento.
El Valle de Sajambre te sorprenderá por su verdor y su autenticidad. Además, desde Oseja de Sajambre puedes acceder al Puerto del Pontón (por la N-625) y muy cerca de allí ver el nacimiento del Río Sella (en el vecino valle de Valdeón). Es un plan estupendo para quienes buscan rincones menos masificados dentro de Picos de Europa. Pasear por los pueblos de Sajambre (Oseja, Ribota, Pio, Vierdes) es viajar en el tiempo, con sus hórreos leoneses y sus tradiciones ganaderas.

13. Valle de Valdeón (León)
Justo al oeste del valle de Sajambre se encuentra el Valle de Valdeón, también en León, hogar de algunos de los paisajes más sublimes de Picos. Este valle está rodeado por los macizos occidental y central, ofreciendo vistas impresionantes de picos como Torre Bermeja o Torre Santa. Su pueblo principal es Posada de Valdeón, que cuenta con alojamientos rurales y restaurantes donde probar el famoso guiso de venado de la zona. Desde Posada se accede a lugares como Caín de Valdeón, que es el extremo sur de la Ruta del Cares. De hecho, mucha gente visita Caín (a 460 m de altitud) para hacer la ruta del Cares hacia Poncebos y luego vuelve, disfrutando del tramo más encajonado de la garganta.
El valle de Valdeón también alberga joyas naturales: por ejemplo, el Mirador del Tombo, en la carretera de Posada a Caín, desde el que se divisa el profundo cañón del Cares y las cumbres alrededor. Cerca de allí está el Chorco de los Lobos, una antigua trampa tradicional para lobos hecha con fosos y empalizadas – curioso de ver mientras caminas por la senda. Además, en este valle se encuentra Santa Marina de Valdeón, donde arranca la Senda del Arcediano que comunicaba León con Asturias antes de que existiera la carretera de Los Beyos.
Valdeón es ideal para los amantes del senderismo: desde Cordiñanes parte la dura ruta a Collado Jermoso, desde Caín puedes subir a Caín de Arriba (pueblo abandonado con vistas únicas) o simplemente conducir por el valle disfrutando de los miradores. Es una zona menos turística que Covadonga o Fuente Dé, pero igual de hermosa. Si dispones de tiempo, no dejes de explorar los valles leoneses de Picos de Europa porque ofrecen tranquilidad y paisajes de ensueño fuera de las rutas habituales.
14. Arenas de Cabrales y la cultura del queso (Asturias)
En nuestra lista no podía faltar una mención a la tierra del queso Cabrales, uno de los productos estrella de Asturias. El concejo de Cabrales da nombre a este queso azul artesanal, y su localidad principal, Arenas de Cabrales, bien merece una visita. Arenas (a unos 35 km de Cangas de Onís) es un pueblo animado en verano, lleno de senderistas y turistas que lo usan como base para explorar el cercano desfiladero del Cares, Bulnes o Sotres. Aquí encontrarás bares, sidrerías, tiendas de souvenirs y por supuesto queserías.
En las afueras de Arenas se puede visitar la Cueva-Exposición del Queso Cabrales, un pequeño museo dentro de una cueva natural donde te explican el proceso tradicional de elaboración y maduración del Cabrales. Aprenderás que este queso se madura en cuevas de la zona con alta humedad, donde prolifera el hongo Penicillium que le da sus vetas azul verdosas. Al final del recorrido hay degustación de queso Cabrales con sidra – un plan delicioso.
Además de la cueva-museo, Arenas de Cabrales celebra cada agosto el Certamen del Queso Cabrales, una fiesta gastronómica donde se subastan los mejores quesos (¡alcanzan precios altísimos!). Si estás por la zona en esas fechas, serás testigo de cómo este queso mueve pasiones.
Por lo demás, Arenas tiene su encanto: el río Cares pasa junto al pueblo, hay un bonito puente medieval, y desde aquí mismo puedes emprender la subida a Poncebos (inicio de la Ruta del Cares y del funicular a Bulnes). Para muchos viajeros, Arenas de Cabrales es simplemente el lugar donde dormir y cenar tras un día de aventuras en Picos. Pero es también la cuna del queso Cabrales, así que aprovecha para saborear el auténtico Cabrales en alguna quesería o restaurante local. Te recomendamos probar una tabla de quesos asturianos; obviamente el Cabrales te dejará boquiabierto por su potente sabor (¡pica, pero engancha!). Y si quieres llevarte un recuerdo, en latiendadelcabrales.com puedes encontrar queso Cabrales y otros productos locales para seguir disfrutando el sabor de Picos de Europa en casa.
15. Descenso del Sella (Asturias)
Terminamos con una actividad divertida perfecta para complementar tu visita a Picos: el famoso Descenso del río Sella en canoa. Si bien no transcurre dentro del parque nacional, el río Sella nace en los Picos (en el mencionado valle de Sajambre) y su descenso se ha convertido en todo un clásico del turismo activo asturiano. Consiste en recorrer en kayak o canoa el tramo del Sella entre Arriondas y Llovio (cerca de Ribadesella), unos 15 km de río fáciles y aptos para casi todas las edades.
¿Por qué hacerlo? Pues porque es muy divertido remar río abajo entre paisajes naturales preciosos, con rápidos sencillos que le ponen emoción. En verano cientos de personas lo hacen cada día, así que el ambiente es de fiesta y risas. Puedes contratar la actividad con cualquiera de las muchas empresas de aventura en Arriondas o Cangas de Onís. Te darán el material (canoa, remo, chaleco, bidón estanco) y picnic, y luego te recogen río abajo. Tú solo tienes que disfrutar del trayecto, salpicando a tus amigos y echando alguna que otra carrera amistosa con las demás canoas.
El Descenso del Sella se popularizó por la competición internacional que se celebra cada año en agosto (la Fiesta de Les Piragües). Pero cualquier día de verano puedes sentirte piragüista por unas horas. Es una actividad genial si viajas con amigos o en familia, añadiendo un poco de aventura acuática a tu ruta de montaña. Tras remar un buen rato, nada mejor que relajarse en Ribadesella o volver a Cangas de Onís a por una merecida espicha de sidra. En definitiva, una experiencia diferente que complementa a la perfección todo lo que hay que ver en Picos de Europa.
RESUMEN
Como ves, Picos de Europa tiene muchísimo que ofrecer: desde lagos de altura, rutas legendarias, miradores espectaculares, hasta pueblos donde parece que se detuvo el tiempo. La combinación de naturaleza y cultura es única. Mi recomendación es que planifiques según tus intereses (senderismo, turismo rural, fotografía, gastronomía…) y el tiempo disponible, pero tratando de incluir alguno de estos lugares imprescindibles.
Eso sí, prepárate para enamorarte: quien visita Picos de Europa siempre quiere volver, ya sea para descubrir ese rincón que faltó o simplemente para repetir sus favoritos. Disfruta de tu viaje por esta maravilla natural, y no olvides brindar con una sidra y un buen trozo de Cabrales a la salud de estas montañas increíbles.


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